El amnésico y el olvidador
Hay una diferencia sustancial entre el amnésico y el olvidador, y
entre este y el olvidadizo, que es apenas un precandidato a olvidador.
El amnésico ha sufrido una amputación (a veces traumática) del pasado;
el olvidador se lo amputa voluntariamente, como esos reclutas que se
seccionan un dedo para ser eximidos del servicio militar. El olvidador
no olvida porque si, sino por algo, que puede ser culpa o disculpa,
pretexto o mala conciencia, pero que siempre es evasión, huida, escape
de la responsabilidad. No obstante, el olvidador nunca olvida su
objetivo, que es encerrar el pasado (cual si se tratara de desechos
nucleares) en un espacio inviolable. El pasado siempre encuentra un modo
de abrir la tapa del cofre y asomar su rostro. El amnésico hace a
menudo denodados esfuerzos para recuperar su pasado, y a veces lo
consigue; el olvidador hace esfuerzos, igualmente denodados, por
desprenderse del mismo, pero solo cosecha frustración, ya que nunca
logra el pleno olvido. El pasado siempre alcanza a quien reniega de el,
ya sea infiltrándose en signos o en gestos, en canciones o pesadillas.
Mario Benedetti
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